Dos batallas en una

Por Sol 

La primera experiencia de discriminación que viví ligada al mundo del periodismo y la comunicación fue al expresar mi deseo al querer escribir para un periódico, la persona con la que estaba conversando respondió -sin meditar su respuesta: es una profesión para hombre, porque es demasiado peligrosa. No recuerdo exactamente la edad que tenía, estaba en 4to ó 5to año de secundaria, era una adolescente y hasta el día de hoy no había reflexionado sobre lo que esa frase caló en mí de manera negativa. 

Hacer periodismo en un país como Nicaragua es sufrir otras intersecciones y saltar otros retos constantemente porque al ser mujer, sumándole el factor de ser una periodista joven, es que, ante los lectores, tus docentes, colegas, tus editores y jefes te van a exigir constante la demostración de tus habilidades comunicativas, a diferencias de los hombres que tienen mayor permisividad dentro de esta industria. 

Demostrar constantemente que eres veloz a la hora de escribir como los periodistas hombres, demostrar que tienes los conocimientos necesarios y las herramientas requeridas para secciones destinadas solo para hombres, como economía, política y deportes, porque asumen que hay temas para mujeres, como farándula o secciones literarias. “El artículo sobre la crianza de los niños debe ser escrito por una mujer”, escuche una vez ¿acaso los periodistas hombres no tiene hijos?

Otro de los retos, es que las mujeres periodistas le es difícil acceder a cargos de decisión dentro de las redacciones y los medios de comunicación. Se cuestionan el liderazgo de las periodistas menospreciando sus capacidades. Además, que esto afecta directamente en la línea editorial y en las elecciones de publicación, donde los temas como la sexualidad femenina, la violencia machista, el sexismo y la participación de las mujeres son descartados. 

Quizás, la violencia que más he sufrido dentro de la industria es la vulneración a mi seguridad. Dentro de la industria periodística han normalizado el acoso y en muchos ámbitos, de las figuras de poder, de los colegas hombres y en los peores casos -más comunes- es por parte de las fuentes. Es imposible concentrarte en una entrevista cuando tu fuente te hace sentir vulnerable, te observa los senos, te toca alguna parte del cuerpo “sin querer” y hace comentarios sobre tu cuerpo. 

Estos tres ítems, demostrar que somos capaz, pocas mujeres en cargos de poder y el acoso son los desafíos más comunes que las mujeres periodistas vivimos. Sin embargo, hay otros que no son tan públicos además de las vulneraciones estatales, y de las intersecciones raciales y étnicas. 

Todo esto se potencializa debido al contexto político represivo que se vive en el país desde abril 2018 y la censura de prensa es diferente a como lo viven los hombres que las mujeres. El asedio, el acoso y la persecución tiene connotación machista, ha sido un arma de represión del régimen para censurar a los periodistas, pero con las mujeres existe una manera diferente de vivirla porque ocupan amenazas de posibles agresiones sexuales. Ser mujer es una lucha para sobrevivir ante el sistema patriarcal y ser periodista es una lucha para sobrevivir ante el sistema de acallamiento. 

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